La almorrana imperfecta

No me voy a andar con rodeos, voy a ser claro y conciso: me ha salido una almorrana.

Y no es una almorrana cualquiera, no, si asomara mi peludo y desnudo trasero desde lo más alto de Tarifa, convertiría el mar Mediterráneo en un lago. Ya es mala suerte. Para una vez que quiero que entre algo en mi cuerpo vía rectal ¡y no hay manera! ¡No para de salir! ¡Y de crecer! Si no empiezo a cuidarme un poco más voy a tener una almorrana tan larga como la cola de Son Goku. Igual hasta me transformo en un mono super gigante con la luna llena, quién sabe.

Seguramente os sorprenda esta sinceridad así de repente. No es normal escuchar a alguien decir que le ha salido una almorrana, y no entiendo porqué ocurre esto. Parece ser que está mal visto, como si fuera algo inmoral o que diera vergüenza o pudor. Yo, como desconozco que esté mal visto y vergüenza tengo la justa como para entrar a un sex-shop a comprar unas bolas chinas, lubricante con sabor a fresa y unas esposas acompañado de un amigo y decirle en voz alta: ¡Cariño, ya verás que bien lo pasamos hoy! Pues, de nuevo, lo digo públicamente: me ha salido una almorrana.

Pero no todo es malo. Gracias a la almorrana y a mi sinceridad he podido observar diferentes reacciones de parte de mis conocidos. Estas reacciones, mayoritariamente risas (cosa que todavía no entiendo) me han ayudado a hacer un estudio social del cual he sacado ciertas conclusiones que quiero compartir con vosotros.

Diferentes estudios calculan que aproximadamente un 45% de la población sufre hemorroides. Después de charlar y tendido con la muestra de mi estudio (4 o 5 amigos hechos polvo, 4 compañeros de trabajo, Darth Vader, Frodo Bolson y Sheldon Coper) he sacado las siguientes conclusiones.

  • El 55% de la población tiene la gran suerte de no sufrir hemorroides.
  • El 10% de la población sufre en silencio las hemorroides y lo pasan fatal.
  • El 10% de la población cree que es una especie cordón umbilical y van tirando de ella a ver si detrás viene el niño. Mayoritariamente los miembros de este porcentaje ven Telecinco más de 2 horas al día y de noche El Gato al Agua de Intereconomía.
  • El 15% sólo admiten haber tenido hemorroides si el entrevistador reconoce haberlas tenido antes.
  • Un 10% se ha reído y, señalándome con el dedo delante de todo el bar han dicho: ¡Jajajaja! ¡Tienes una almorrana!

Durante las charlas que he tenido que llevar a cabo para realizar el estudio me he encontrado en momentos delicados, raros y surrealistas. Uno de ellos fue cuando una amiga mía, que tiene un culito de infarto, me dijo: “no pasa nada es algo normal, yo también he tenido alguna vez”. ¿Cómo? ¿Qué en ese culito ha habido almorranas? Imposible, no me lo pude creer. En su defensa cabe decir que seguro que la posible hemorroide de mi amiga sería una linda almorranita bien mona, maquillada y todo. Si me llega a decir que con ese bonito trasero también caga, un mito hubiera caído. Pero eso es imposible: hay culos que, de bonitos que son, no pueden defecar. Y en el caso de que lo hagan seguro que le mojón resultante no mancha y huele a flores silvestres.

Mis conversaciones sobre las almorranas con los hombres han sido algo diferente. Primero suelen negarlo enérgicamente ya que, según la mayoría de los hombres heterosexuales, cualquier cosa relacionada con el ano es gay. Y si pica, más gayer todavía. Esa es la primera reacción que tienen. Una vez les tranquilizas y les aseguras  que tener almorranas no es de gays ya se relajan un poco e intentan hablar. Digo intentan porque si el interlocutor es el típico macho ibérico de Mujeres, Hombres y Su Puta Madre, con suerte, y, repito, con suerte, conseguirás que hilvane 2 o 3 palabras con algo de significado. No le pidas subordinadas que se pensará que es algo relacionado con el sadomaso.

Una vez se entra en materia y se debate un poco sobre las hemorroides siempre se llega a un curioso, pero no extraño, punto en común: a ver quién la tiene más grande. Los hombres competimos por tener todo más grande: el coche, la casa, la polla, menos la novia, casi todo lo queremos grande. Y las hemorroides no son una excepción.

Empiezan a exagerar: “mi almorrana era tan grande que tuve que comprarle unos pantalones para que no pasara frío”, “calla, calla, eso no es nada. La mía era tan grande que se me veía por debajo del pantalón y al arrastrarla iba dejando un rastro rojo por todo el suelo. Como un chorizo, vamos”. Una vez han exagerado sobre el tamaño se lanzan a amplificar el dolor sufrido, porque, eso sí, los hombres somos unos flojos y no soportamos el dolor, es más, parece que estemos esperando que nos pase algo para alardear del dolor que tenemos y lo machos que somos porque no vamos al médico. Una contradicción ya que si tan machos somos, ¿por qué no nos callamos y sufrimos en silencio? Así que empiezan “yo no podía caminar”, el otro “yo no podía ni tumbarme boca abajo ya que la almorrana me rodeaba y me apretaba”, otro más “mi almorrana sangraba tanto que parecía una morcilla, sentía las palpitaciones de mi corazón por toda ella”

Para terminar os voy a nombrar a  los únicos que disfrutan viendo a personas sufriendo hemorroides: los farmacéuticos. Yo creo que son todos unos cabrones humoristas fracasados que aprovechan el dolor ajeno para sentirse bien. Y si no, que me expliquen a mí de dónde coño sacan los nombres para los medicamentes, joder. Pongamos un par de ejemplos:

  • Te pegas la fiesta de tu vida, toda la noche y parte de la mañana bebiendo sin parar, siendo el puto amo de la fiesta. Al día siguiente la cabeza te quiere estallar, tienes el zumbido de los altavoces en tus oídos. Pues vas a una farmacia y ¿qué te dan? Pues te dan gelocatil, ibuprofeno o una puta aspirina. El nombre del medicamento no guarda relación ninguna con el nombre de la enfermedad.
  • Participas en la gimcana de la fiesta mayor de tu pueblo, y cuando por tus venas corre 50% sangre y 50% alcohol decides hacerte el superhombre y arrancas una señal de STOP de la carretera con la consecuente herida en el brazo. Pues vas a una farmacia y ¿Qué te dan? Pues te dan una puta mercromina. O eso era antes, yo hace años que no veo un bote de mercromina. Tendré que informarme al respecto. Remarcamos otra vez el hecho de que no hay relación lingüística entre “herida” y “mercromina”.
  • Vienen los colegas a tu casa y la mejor idea que se os ocurre es hacer un pastel de marihuana. De repente empiezas a ver pitufos rosas persiguiéndote. Empiezas a correr y te pegas un talegazo contra el armario y te das un golpe en el tobillo. Pues después de deshacerte de los pitufos rosas atacándoles con tu sable laser imaginario al más puro estilo jedi, te vas a una puta farmacia y ¿Qué te dan? Pues te dan un voltaren. Sigue sin haber relación enfermedad-medicamento.
  • Pero tienes hemorroides y vas a la farmacia y ¿qué te dan? Pues los muy cabrones te dan ¡¡¡HEMORRANE!!! Y te lo dan pregonándolo por toda la farmacia: ¡¡Mari!! ¿Dónde has dejado el hemorrane? Pasas más vergüenza que cuando ibas a comprar condones con 18 años. ¿Pero cómo se puede ser tan cabrón? ¡Qué hijos de puta! Me imagino al presidente de la compañía con lágrimas en los ojos, desternillándose de risa y diciendo: ¡Decidido! ¡¡¡El nombre será hemorrane!!!

4 Comentarios

  • By cristy, November 16, 2011 @ 8:35 am

    me duele la mandibula de reirme!!!!!
    vivan las hemorroides!!!!

  • By Sunsi, November 16, 2011 @ 9:07 am

    Chico dedicate a esto, es bueníssimo, cuando hagas uno en directo avisame que no me lo pierdo…

  • By Judit, November 17, 2011 @ 8:18 am

    Pues eso… q si q existe la mercromina! el otro dia compre xD
    Muy buen texto Jorge, me partooooo jajajaja

  • By Sebas, November 17, 2011 @ 8:38 am

    muy bueno!!!!que hartón de reirme, me duelen los abdominales de reirme, hay algun medicamento para eso???

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