La Calvicie Imperfecta

Llevo siendo calvo varios años. Los que me conozcan seguramente dirán que es mentira, que todavía tengo algo de pelo que peinar cada mañana. Y tampoco se equivocan: todavía no aparece el cartón por detrás, o eso creo, y sigo teniendo algo de pelo entre esas dos autopistas que tengo como entradas. El hecho de que el flequillo empiece en la coronilla es puramente anecdótico.

Antes de continuar escribiendo quiero dejar algo claro: nunca me peinaré como Iñaki Anasagasti.

Seguramente os preguntéis como digo que soy calvo y a la vez que mis amigos no se equivocan al asegurar que tengo pelo. La respuesta es bien sencilla: soy un calvo psicológico. Para que entendáis a que me refiero con tal afirmación voy a tener que remontar años atrás, justamente a la edad de los quince años, años en los que lucía una espléndida melena. Para ser sincero, no era tan espléndida y tampoco me favorecía en exceso, más bien parecía un caracono con un champiñón por peluca. Pero de mi belleza ya hablaremos en otro momento, centrémonos ahora en la tierna edad de los quince años, edad en la que únicamente pensaba en jugar a baloncesto y beber calimocho, varias veces realizando las dos cosas a la vez. Se ve que ahora con quince años ya follas, en mi época, si conseguías rozar un pecho con tu codo por encima del jersey ya eras el follador del grupo.

Nunca se me olvidaran esas navidades, en especial, el día que cagábamos al tió. En mi familia esta tradición la llevan a cabo todos y cada uno de los miembros. Empieza el más pequeño y acaba el más grande. Así que lo realmente bonito está al principio, cuando los peques recogen sus regalos recién cagados y disfrutan con ellos. Luego viene el paso de los mayores, a cual más patoso y con menos ritmo. Somos así. O al menos yo.


Uno a uno, los peques fueron cantando y mi momento se acercaba. Estaba nervioso. Tenía 15 años y debía demostrar que era un rapero. Mis pantalones anchos ACC y mi pelo así lo confirmaban. Mi hora llegó y ,decidido, cogí el palo dispuesto a darle su merecido al tal tió, quería mi regalo y lo quería rapeando. La verdad es que fue un éxito, amor de familia le llaman, me agaché y recogí el regalo. Seguidamente me giré, con el regalo todavía en la mano, pase la mirada por todos y cada uno de mis familiares. Nunca antes había reparado en un detalle intrínseco de los Martínez: los varones son todos calvos y con ojos azules. En aquel momento entendí lo que explicaban de un tal Mendel. Puta genética: yo también sería calvo.

Toda mi vida pasó por delante. Por suerte solo tenía quince años y fue rápido, no había mucho que recordar. Recogí mi regalo, ya ni recuerdo qué era, y me senté. Volví a repasar cada uno de los rostros masculinos de mi familia. Mis tíos y mis primos, todos calvos, con gafas y ojos azules. Todos menos uno de mis primos, éste tenía, y tiene, una maravillosa melena rizada. Por el contrario, cuando se pone de perfil, crea eclipses con su nariz. No se puede tener todo en esta vida.

Los cabrones me habían pasado el gen de la calvicie y se olvidaron de darme algo bueno a cambio. Así que empecé a asumir mi calvicie, busqué información sobre el tema e hice un sondeo entre mi familia. La mayoría no recordaba tener pelo más allá de los 21. Eso me cambió, me hizo ver la vida de otra forma, quería vivir todos los días como si fueran los últimos días de mi vida, sabiendo que a los 21 sería calvo, había que vivirlo todo muy intensamente.

Llegué a la mayoría de edad ya con el pelo corto. Las entradas empezaban a asomar por mi frente y sabía que mi destino se acercaba. A los 20 estaba prácticamente igual que a los 18 pero mis colegas, por no llamarlos hijos de puta ya que sus madres no tienen culpa ninguna de su gran sentido del humor, hicieron una porra.

La porra consistía en averiguar cuando me quedaría calvo totalmente. El que más se la jugó llegó a los 23 años. Lo tacharon de loco.

Ahora, a mis 33 años sigo usando peine y alguno de los participantes de la porra están ya con la cabeza rapada. Eso es karma. Eso sí, intento evitar salir a la calle cuando hace mucho viento, no sea que cuando sople fuerte, mis entradas empiecen a verse desde el cielo y los aviones me confundan con dos pistas de aterrizaje.

3 Comentarios

  • By eva, February 24, 2014 @ 8:31 pm

    Bonissim l’article !
    T’estimem molt cosinet, tal com ets!
    Eva tivi

  • By andrew, February 24, 2014 @ 8:52 pm

    ja ja ja menos mal q yo aún no voy rapado, q risa

  • By pau, February 25, 2014 @ 12:11 pm

    Corty arriba ese ánimo. Buena observación tuviste a esos 15 aňetes . Necesitas un monje…

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